martes, 9 de diciembre de 2008

CARTUCHO


Don Álvaro Domeqc y Dìez montado sobre su caballo Cartucho, en una de las tientas celebradas en 1946 en su finca de Jerez.




CARTUCHO


Me gustaría que tu aficionado que lees estas líneas te traslades conmigo unos años atrás, concretamente al año 1946.

Piensa en la sensibilidad exquisita y fuerte a un tiempo de los hombres de campo, esos vaqueros a caballo por las veredas, sin prisas, trabajando en sus tareas diarias con el ganado, apartar, desahijar, herrar, repasar... Quien conozca el encanto, el embrujo del campo andaluz, ese sentido poético del caballo cruzando los olivares, o por entre las mieses, o las viñas, sentido poético de valor, de ese arriesgar la vida alegre y generosamente, no caerá en el error de ver desorbitación en el sentimiento de este caballero jerezano por la muerte de su caballo Cartucho.

Cincuenta mil pesetas por este caballo, pura sangre que llego un día a España desde Argentina. Todo lo vale el caballo Cartucho. Ya lo dijo un clásico aficionado “precio por montarlo un día”. Animal fino y noble que componía armónicamente con el jinete jerezano el juego de la equitación, la gracia del rejoneo, el arte del acoso y de la doma vaquera. Corrió en los hipódromos, le hicieron saltar y también volar por los campos. Don Álvaro Domecq y Díez tiene que variar su paso, hacer que pare a voluntad, que vuelva y gire sin dificultad, variar su doma por la nuestra, la doma de campo, la doma vaquera, lo había domado y dirigido para echarlo a pelear con reses bravas, pero en la Plaza de toros de La Línea Cartucho es herido de muerte y Don Álvaro Domeqc es conmovido hondamente.

En estos años el caballero jerezano con un estilo campero, tanto a caballo como a pie, había saltado a los medios taurinos, sorteando gallardamente el riesgo, por el goce de afición y placer intimo de hacer el bien. (Las cantidades que percibía por sus actuaciones las entregaba a entidades de carácter benéfico. Por esta labor altruista le fue otorgada la Cruz de Beneficencia con fecha 11 de octubre de 1945). Don Álvaro compartió con este caballo el hondo y penetrante silencio del campo y los aplausos de estrépito de las plazas de toros. Herida su emoción por la pérdida de su caballo Cartucho. Don Álvaro persona sensible y aficionado a la escritura, lleva esa emoción a este artículo, cargado de sentimiento.





























Cartucho muestra en esta fotografía su gran estilo de saltador y la gracia de su línea estilizada de caballo pura sangre

Eran las dos de la tarde...

Son las dos de la tarde de un día glorioso de la Ascensión. En las calles, el rugir de coches y galeras con su constante ir y venir. En el hotel, sobre el techo de mi cuarto, veo venir en sombras viajeros que discuten sobre lo que mas tarde van a ver al toque de un clarín. En mi espíritu ya suena el clarín de la nostalgia. El rio Segura choca sus aguas sobre las paredes de la ciudad murciana que parece que me quiere ocultar la débil timbrada del teléfono de mi cuarto. Pero no, lo oigo, y además, no se por qué presentimiento me suena cada vez mas fuerte en los oídos
• Llaman de la Línea
• ¿Quién es?
• Soy Antonio
• ¿Cómo esta el caballo?
• El caballo a muerto. Murió esta mañana, a las ocho y media..
• Si; córtale la cabeza y las patas que quiero conservarlas. Pregunta si se puede también cortar el corazón..

Desde la Argentina, con su filiación de pura sangre inglesa, llego un día a España el caballo Cartucho. Le hicieron correr en hipódromos, porque allí gano en ellos. Le hicieron saltar. Le hicieron volar por el campo, hasta que un día llego a mí. Había que comprarlo a un amigo. Pero no importa.
• Tú le pones el precio.
• Cincuenta mil pesetas. Todo lo vale el caballo Cartucho. Ya lo dijo un clásico aficionado jerezano: “Precio solo por montarlo un día”, y ahora la lucha; variar la doma, variar el paso, hacer que para a voluntad.

Un día la cancela de una finca tardaba en abrirse. No importa, porque Cartucho con migo, salto las alambradas.
Allí, un torete del Conde de la Corte, que en tienta se huye muy cerca de donde se debía llegar; pero no importa: Cartucho lo alcanza y derriba con su jinete, para que luego, a lo mejor, digan que el jinete es bueno.
No es bueno tu jinete: eres tu, caballo de mis ensueños, el único a quien se te puede llamar grande, rey entre los caballos buenos. Y, sin embargo, te mataron por mi: pero escucha mis explicaciones, Cartucho, caballo mío, Cartucho caballo bueno.

Recuerdo nuestra conversación el día en que me impusieron la Cruz. Tú me dijiste que por que no te llevé a la Plaza, que por qué no presenciaste, con los otros caballos, ese acto emocional de un pueblo, un alma y un corazón, que tú, aunque no tuvieses alma, tenias un corazón grande para las grandes empresas. Acuérdate que me excusé. Te dije que el ser torero era propio de españoles y te enfadaste conmigo. Nos prometimos ayudarnos; te prometí sacarte para poner una piedra de mi oratorio, al menos. Yo cumplí mi promesa; tú cumpliste con creces tu ofrecimiento. Tal vez Dios haya castigado nuestra osadía y nuestro orgullo.
Tú quisiste demostrar que el caballo pura raza ingles también servia para la Plaza. Yo quise demostrar que te llevaba a ello. Dichoso orgullo que nos costo la afición; dichoso toro que me partió el alma. Yo nunca te lo dije, Cartucho, nunca te lo dije, pero eras mi ilusión mejor. En el picadero en el campo y desde el día de tu cogida, en la Plaza también.
¡Que cosas me hiciste ante el toro; que tranquilidad la tuya en aquel día! Pare tras presentir tu muerte; ni la música te molesto, ni mi responsabilidad te achico. Pero dime también; ¿por qué te cogió el toro? Yo creo que fue que yo estaba demasiado orgulloso de ti y quería contarle a mi yegua Esplendida que tú, muy pronto, la ibas a superar. Me distraje entonces con ella; quise poner el último rejón y le di todas las ventajas al bueno y bravo toro de Gallardo. Me olvide que, tan de frente, tú todavía no podías medir igual la distancia.

En fin, para que hablar más; me equivoqué y me equivoqué yo. Que lo sepa la afición y los caballos todos y que lo sepas tú, caballo de mis ilusiones. Yo fui quien se equivoco, aunque quisiera después culpar tu falta de práctica. Me equivoque, y por eso te rindo desde aquí el homenaje de mis pobres letras.
Con ellas quisiera expresarte mi pena. Tu muerte ha roto por su centro una ilusión sostenida solo por tus lomos. Ellos me ayudaron a continuar este año para poner la ultima piedra en la obra que comencé. Ya cumpliré mis compromisos hechos; pero como tu tu retiraste por la muerte, yo me retiro por tu recuerdo. Este año de 1946, la muerte retiro al Cartucho de las Plazas, y ese mismo año su jinete se va porque el fin queda cumplido y porque la afición se la llevó el caballo envuelta, con su muerte, en la sangre de caballo mejor. Si, Cartucho; el mejor que yo monte en mi vida y has muerto solo porque el Destino me hizo equivocar.
Tus hijos, Cartucho, guardaran tu recuerdo, y tu cabeza disecada presidirá las cuadras en donde tuvimos aquel día esas palabras de amor y comprensión.


Don Álvaro Domecq

















Don Álvaro Domecq en el campo, montando a Cartucho, durante los ejercicios de doma


El caballero jerezano, sobre Cartucho, saltando un obstáculo improvisado durante un entrenamiento

Articulo publicado en la revista A LA VAQUERA Nº 18

Revista Bimestral Marzo – Abril 2008


Jose Luis Muñoz de Leon Platero

www.domavaquera.es



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